Project Description

La Madre es el abrazo que hace vivir. El pequeño vivirá solamente si es amado, sólo si se cuida de él. Jesús vive por el amor de su madre. De este abrazo le vendrá, para siempre, junto con la fe, la fuerza necesaria para vivir. Cada criatura humana tiene tanta fuerza como el abrazo que la estrecha y la trae a la existencia. No temas María, ¡el niño vivirá por tu amor!

La Madre es como un altar en el que está colocado, como un sagrario que guarda y un santuario que contiene al hijo. La casa sobre la cual se detuvo la estrella que recoge en sí al niño y a la madre; la madre es a su vez una casa que acoge y alberga al hijo.

La gracia para María y para todo creyente es admiración por la Palabra…Siguiendo su ejemplo, conservar las cosas, sustraerlas al olvido, hacer que sigan viviendo, meditarlas para descubrir su sentido profundo. Porque no es fácil, no es obvio, comprender lo que está aconteciendo, la contradicción, la falta de plausibilidad de este nacimiento: la gloria de Dios y la pequeñez del niño; el canto de los ángeles y el establo; los magos y el asesinato de los niños en Belén.

Conservar juntas las cosas que parecen contradictorias, la gloriosa liturgia del cielo y la humilde liturgia de los pastores, sin eliminar ninguna de las dos: un día se aclararán. Porque precisamente en su confrontación está la plenitud del cristianismo, unir el rostro del otro con el de Dios (“lo que habéis hecho a uno de estos pequeños me lo habéis hecho a mí”: Mt 25, 40).

María conservaba acontecimientos y palabras (en griego rhémata). La revelación divina tiene lugar por medio de acontecimientos y palabras íntimamente ligados, que se reclaman y se iluminan recíprocamente: las palabras explican los hechos, los hechos realizan e interpretan las palabras.

El corazón, templo del silencio (Ch.Péguy), es lugar de continuos nacimientos, lugar de retorno, donde Dios se revela como el “Dios sensible al corazón” (B. Pascal). Toda la vida es una peregrinación hacia el lugar del corazón (O. Clément).

María guarda: para que nada se pierda, tiene encendida la lámpara de la memoria, luz para los pasos de la fe cuando resulta fatigosa para el corazón.

Conserva con cuidado: porque palabras y acontecimientos pueden caer fácilmente en el olvido, porque se trata de elementos preciosos y frágiles a los que se han de dedicar atención y perseverancia.

Medita: coteja acontecimientos y palabras con el fin de hallar una explicación…es la mujer sabia, rica en recuerdos, que lee e interpreta lo que ha vivido y oído, sin olvidar el gran silencio de Dios. Es necesario mucho silencio para escuchar el silencio de Dios.


Suscríbete y estarás informad@ de las últimas noticias sobre los Días de María

Nombre

Correo electrónico