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Esta Fiesta de la Purificación de la Virgen María se conoce también como “La Candelaria”. Se celebra el día 2 de Febrero unida a la Fiesta de la Presentación del Niño, pasados cuarenta días desde el nacimiento.  Como mandaba la ley, María y José acudieron al Templo a presentar al Niño. Junto a esta acción de presentar al primogénito ante Dios, sucedía otra paralela para las madres, su purificación. Estaba escrito en esa ley de Moisés, que la mujer que diera a luz un varón, fuese impura siete días y en el día octavo se circuncidase al niño; después, de lavarse y purificarse, no podía entrar en el templo durante treinta y tres días, los cuales cumplidos ofrecía a su hijo con algunos dones al Señor, un par de tórtolas o dos pichones.

Allí María se encontró con las palabras del anciano Simeón que guiado por el Espíritu fue al Templo, tomó al Niño en brazos y dijo: “Ahora Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quién has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a la naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2, 29). Cada noche la vida monástica reza en la hora de Completas de la Liturgia y toma estas palabras del anciano Simeón para despedir la actividad del día y entrar en el descanso de la noche.

La Fiesta de la Purificación de María está unida, como tantas otras veces, a una Fiesta de Jesús. La Madre ya no es sin el Hijo, y el Hijo lo es por la Madre. Aquí vemos a Jesús Niño siendo Luz de las naciones, alumbrando a toda la humanidad y a María después de ofrecer cinco siclos por la purificación, la vemos recibiendo el anuncio de la unión que más tarde vivirá en el Gólgota junto a su Hijo. Las palabras de Simeón también son para ella: una espada atravesará tu alma.

En este día celebramos con una procesión esta fiesta, en la que se bendicen las velas, de ahí que también se le llame candelaria, la fiesta de la luz. Antiguamente se bendecían las candelas que se utilizaban a lo largo del año para alumbrar en las casas. Hoy se suele celebrar una procesión con velas caminando todos juntos hacia la celebración de la Eucaristía. La fiesta es conocida y celebrada con diversos nombres: la Presentación del Señor, la Purificación de María, la fiesta de la Luz y la fiesta de las Candelas; todos estos nombres expresan el significado de la fiesta. Cristo, la Luz del mundo presentada por su Madre en el Templo, viene a iluminar a todos como la vela o las candelas, de donde se deriva el nombre de Candelaria. Inicialmente la fiesta de la Candelaria o de la Luz tuvo su origen en el Oriente con el nombre de la Fiesta del Encuentro

San Sofronio se nos presenta en el día de hoy en el Oficio de Lectura invitándonos “acojamos la luz clara y eterna” y nos recuerda: “que nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz”. Recordamos que “tu luz nos hace ver la luz” y deseamos no poner obstáculos a ella.”

Por esto avanzamos en procesión con cirios en las manos, por esto acudimos llevando luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto, corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.

A mediados del siglo V esta fiesta se conocía como “La Candelaria” o “Fiesta de las Luces”. La Virgen María ha dado a luz a Jesús, La verdadera Luz y en esta fiesta se manifiesta a Simeón y Ana.

Hasta el siglo VI se celebraba a los cuarenta días de la Epifanía, el 15 de febrero.

Ahora se celebra el 2 de Febrero. Este día la Iglesia celebra la JORNADA POR LA VIDA CONSAGRADA.

y nosotras celebramos esta Fiesta con especial dedicación por el nombre que recibimos para esta pag. web: El Candil de María.


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