Project Description

«Conocía la noche de la fe,

pero nunca creí que fuera tan profunda.

Ni una sola ventana con luz, solo creer, esperar, cerrar los ojos,

entrar en la cuesta arriba.

Sí, ayer, cuando la losa cayó tras de su cuerpo, nada de ángeles,

nada de voces del Padre.

Sólo la noche y el sonar de los latigazos en los oídos,

y las carcajadas, y las blasfemias, y las risas,

el golpe final de la piedra cerrándose.

¡Qué lejos ahora Belén  y aun las pequeñas angustias

de Nazaret cuando él se alejaba!

Entonces, ¿es esto ser una madre?

En la noche no hay nada. Solo la noche.

Y la certeza de que el sol está al fondo y volverá mañana.

Esta Fiesta es el recuerdo de lo que celebramos en  la noche del Viernes de Pasión de Jesús pero desde la perspectiva del corazón de María. Ella se compadeció de su Hijo moribundo en la Cruz. Ya se lo había anunciado el anciano Simeón cuando fue a presentar al niño en el templo: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida, y a ti una espada te traspasará el alma”. María es llamada mártir en el alma.

 

Un poco de Historia

La devoción a la Mater Dolorosa se desarrolla a partir de finales del s.XI. En 1239, en la diócesis de Florencia, la Orden de los servitas u Orden de frailes Siervos de María, cuya espiritualidad estaba muy ligada a la Santa Virgen, fijó la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre.

 

 

Esta Advocación de la Virgen María también es conocida por la Virgen de la Amargura, Virgen de la Piedad, Virgen de las Angustias o La Dolorosa. Los «siete dolores» hacen referencia a los siete episodios de la vida de Jesucristo, relatados por los evangelios, que hicieron sufrir a María, quien acompañaba a su hijo en su misión de Redentor.

Os compartimos un pequeño relato escrito por Jose Luis Martin Descalzo poniéndose en la piel de María y que nos acerca a vislumbrar el Dolor de la Madre de Jesús.

«Pero ¿por qué se ha de salvarsiempre con sangre?

¿Es que son tan hondos los pecados del hombre que solo pueden

borrarse con manos y frente desgarradas?

No, no le hubierais reconocido ayer si le hubierais visto subir

por la pendiente. Las madres sí; olemos a los hijos

desde miles de kilómetros, porque no es verdad

que salgan nunca de nosotras. Están fuera, caminan, lloran,

triunfa, viven, pero no es verdad;

siguen estando dentro. Ayer en el Calvario

estaba más en mi seno

que en Jerusalén. Clavaban dentro, martilleaban dentro.

Por eso no hubo nadie junto a él.

Juan, Magdalena…todos estaban sin estar.

Y hasta el Padre se fue y nos dejó solos.

Pero hubo algo más horrible todavía,

algo que no logro entender,

que acepto a ciegas solo porque él lo hizo.

¿Por qué no me miro?

¿Por qué en los últimos minutos no se volvió hacia mí?

Estábamos unidos, sí, pero los dos entramos solitarios en la muerte.

Creédmelo: esperé hasta el último minuto su mirada.

Y no me la dio. Vi doblarse su cabeza y supe que

pensaba en quienes le habían abandonado:

el Padre y los hombres.

Fue entonces, y no cuando los martillazos,

cuando yo di mi vida.»

 


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