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“Desde entonces María quedó constituida como un “Canal inmenso” por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones” (San Bernardo).

En esta Fiesta de la Visitación de María a su prima Isabel, El Candil de María, quiere poner el acento en estos temas que subrayamos: viaje, misión, profetismo.

Este fue el primero de los numerosos viajes de María a ayudar a los demás. Hasta el final de la vida en el mundo, Ella estará siempre viajando para prestar auxilios a quienes lo estén necesitando. También fue la primera marcha misionera de María, ya que ella fue a llevar a Jesús a que bendijera a otros, obra de amor que sigue realizando a cada día y cada hora. Finalmente, Jesús empleó a su Madre para santificar a Juan Bautista y ahora ella sigue siendo el medio por el cual Jesús nos santifica a cada uno de nosotros que somos también hijos de su Santa Madre.

Maria, mujer del Primer paso

..Apenas se fue el ángel, “María se dirigió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá”. Si tenemos en cuenta que Lucas relee la infancia de Jesús a la luz de los acontecimientos pascuales, ¿estará fuera de lugar sospechar que la palabra “anastasa”, es algo más que una muletilla inexpresiva?¿Sería arriesgado pensar que puede aludir a María como símbolo de la Iglesia resucitada, que se levanta muy apresuradamente para llevar gozosos mensajes al mundo? ¿Será un poco atrevido afirmar que, bajo aquella palabra, se condensa el quehacer misionero de la Iglesia, que después de la Resurrección del Señor, tiene la misión de llevar en su seno a Jesucristo, para ofrecérselo a los demás, como hizo María con Isabel?

…Decide ponerse en camino, sin que nadie se lo pida. Piensa en el viaje, sin que nadie se lo sugiera. Decide dar el primer paso, sin esperar que los demás tomen la iniciativa.

En la discretísima alusión del ángel percibe que su prima puede encontrarse en serias dificultades. Y así, sin andarse por las ramas, sin preguntarse si le tocaba a ella o no, acudir allá, prepara algunas cosas y se pone en marcha. Cruza los montes de Judea “presurosa”, además. O como alguien traduce, “anhelante”.

Tenemos todos los elementos para leer a través de estas rápidas expresiones el estilo emprendedor de María. Sin atosigar.

Santa María, mujer del primer paso, …”levántate” una vez más, presurosa, y ven a ayudarnos, antes de que sea demasiado tarde. Anticípate a todos nuestros gemidos de piedad. Tómate el derecho de precedernos en todas nuestras iniciativas. Corre presurosa a nuestro lado y organiza la esperanza en torno a nuestras derrotas. Si no llegas a tiempo, seremos incluso incapaces de remordimiento. Si no das tú el primer paso, seguiremos en el barro. Y si tú no excavas en nuestro corazón pozos de nostalgia, ni siquiera sentiremos la necesidad de Dios.

Santa María, mujer del primer paso, nadie sabe cuántas veces habrás dejado admirada en tu vida terrena a la gente, por haberte anticipado a citas para el perdón. Nadie sabe con qué solicitud, tras recibir una ofensa de la inquilina de enfrente, te apresuraste a dar el primer paso y llamaste a su puerta para disipar la diferencia y daros un abrazo. Nadie sabe con qué ternura la noche de la traición, te apresuraste a recibir en tu manto, el llanto amargo de Pedro. Nadie sabe cómo latía tu corazón, cuando saliste de casa para apartar a Judas del camino del suicidio. Qué pena que no le encontraras. Pero cabe pensar que después de bajar  a Jesús de la cruz, te dirigiste a bajar del árbol a Judas y que colocarías sus miembros en la paz de la muerte.

Te rogamos que nos concedas la fuerza  de dar el primer paso cada vez que hay que perdonar. Haznos tan expertos en esto como tú lo eras. Apártanos de nuestras perplejidades calculadas. Líbranos de la tristeza de nuestra extenuante susceptibilidad.

Santa María, mujer del primer paso, experta como nadie en el método preventivo, hábil para preceder a todos en los gestos, rapidísima para jugar anticipadamente en las partidas de la salvación, juega también anticipadamente sobre el corazón de Dios.

María, mujer misionera

…basta pensar en esta visita a su prima Isabel. Es como si la Virgen se moviera bajo el impulso del mismo verbo que impulsó al ángel Gabriel a llevar a Nazaret el feliz anuncio:

“Fue enviado”…Es fuerte el impacto de ese verbo: no habiéndose agotado  con la venida del ángel a la tierra, descargó el dinamismo que le quedaba en María, que se puso en marcha hacia las montañas de Judea. Es decir, también ella, fue enviada. En el origen de su viaje vemos una vez más el típico verbo misionero. Ella obedeció a ese impulso. Y, llevando a Cristo en su seno, se convirtió en su primera custodia, inauguró las procesiones del Corpus Christi y fue a llevar anuncios de liberación a parientes lejanos.

María, mujer misionera, concede a tu Iglesia la alegría de descubrir, escondidas en las connotaciones del verbo “enviar”, los significados de su vocación primordial…

Cuando la Iglesia se quede tranquila dentro de sus tiendas, a donde no llega el grito de los pobres, dale la valentía de salir de los campamentos. Cuando siente la tentación de petrificar la movilidad de su domicilio, remuévela de sus falsas seguridades. Cuando se abandona en el lecho de las posiciones conseguidas, sacúdela de su vida sedentaria. Enviada por Dios para la salvación del mundo, la Iglesia existe para caminar, no para acomodarse.

Nómada como tú, pon una gran pasión por el hombre y la mujer. Virgen en cinta como tú, señálale la geografía del sufrimiento. Madre itinerante como tú, llénala de ternura hacia todos los necesitados.

A todos los misioneros… Apóyalos en sus trabajos. Restaura su cansancio. Protégelos de todos los peligros. Da a los gestos con los que se inclinan sobre las llagas de los pobres  los rasgos de tu virginal ternura.  Pon en sus labios palabras de paz. Haz que la esperanza con la que promueven la justicia terrena no prevalezca sobre las expectativas sobre humanas de los nuevos cielos  y la nueva tierra.  Colma su soledad. Atenúa en su alma las dentelladas de la nostalgia. Cuando tengan ganas de llorar, ofrece a su cabeza tu hombro de madre.

Hazlos testigos de la alegría. Que cada vez que vuelvan a nosotros, con perfumes de trinchera, podamos descubrir en todos su entusiasmo.

Santa María, mujer misionera, tonifica nuestra vida cristiana con el ardor que te impulsó a ti, portadora de luz, por los caminos de Palestina. Ánfora del Espíritu, derrama su crisma sobre nosotros para que deposite en nuestro corazón la nostalgia de los “últimos confines de la tierra”…inspíranos la audacia de los profetas. Haz que las palabras de esperanza no suenen mentirosas en nuestros labios… Y líbranos de la resignación.

María, mujer que toma partido

No, no fue neutral. Basta leer el Magnificat para darnos cuenta de que María se alineó. Es decir, se decantó en una dirección. Naturalmente en la dirección de los pobres. De los humillados y ofendidos de todos los tiempos. De los discriminados por la maldad humana y de los excluidos por la fuerza del destino. En conclusión, de todos los que nada cuentan ante los ojos de la historia. Se puso de parte de los vencidos. Decidió jugar con el equipo que pierde. Optó agitar como bandera los trapos de los miserables y no empuñar los brillantes estandartes de los dominadores.

Santa María, Mujer que toma partido, aléjanos de la tentación de servir a dos señores. Oblíganos a salir a descubierto…cuando queramos hacer descuentos en el precio de la verdad, para no disgustar a los poderosos o por miedo a perder sus favores, haz que nuestro rostro se sonroje como una amapola. Líbranos de la indiferencia ante las injusticias y ante quien las practica. Pero concédenos la tolerancia, pues es una actitud que sólo se siente cuando se está del lado del que tú estuviste.

                                                                                                                                                                                                                                                            Antonio Bello

 


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