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“Su cara resplandecía de belleza; soy incapaz de describirla…Luego, de pronto, descubrí unos anillos en sus dedos en los que iban engastadas piedras preciosas, unas más bellas que otras, unas más grandes y otras más pequeñas, que despedían destellos unos más bellos que otros. Los destellos salían de las piedras; de entre los grandes destellos, los mayores se ensanchaban constantemente y, de entre los pequeños, los menores se extendían hacia abajo inundando el suelo de forma que ya no podía ver sus pies.”

¿Ya conoces su historia? ¿sabes de quién estamos hablando?
Es el relato con el que Catalina Labouré describe (en 1841) la imagen de la Virgen Milagrosa, cuando se le apareció el 27 de Noviembre de 1830, fecha que adquiere un relieve especial al dar origen a la Medalla Milagrosa; de esta medalla, pronto, os contaremos algo más. En la imagen que te ofrecemos, te la presentamos como sello en una alianza. También María puede salir a tu Encuentro: ¡no temas!.

Santa Catalina la percibió en un momento cotidiano de su vida diaria: “Después del punto de meditación, en medio de un gran silencio, es decir, algunos minutos después de la meditación, me pareció oír, junto al cuadro de San José, como un roce de vestido de seda. Miré hacia ese lado y vi a la Virgen a la altura del cuadro de San José.”


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